Cada vez que Haití se agrava, es peor para la República Dominicana. Somos receptores de una migración forzosa como efecto de su crisis.
Pese a que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una misión para desactivar las pandillas haitianas y tomar el control, procurando revolver al país una estabilidad institucional, política, económica y social, no ha sido posible.
Nadie parece comprometido, ni siquiera Estados Unidos, que considera el Caribe área de interés para su seguridad.
Esta acción del gobierno de El Salvador, con una misión militar allí, no se sabe si es parte del caos o algo que pudiera tomar cuerpo para el control final.
Ojalá fuera lo último, porque una aventura sería peor.
La entrada Que no sea una aventura se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).