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Un mundo en disputa y una región ante sus decisiones

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«Los conflictos verdaderamente distantes ya no existen». Con esa reflexión, el doctor Leonel Fernández abrió el VIII Foro Global América Latina y el Caribe, celebrado el 23 de septiembre en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Su advertencia tiene consecuencias concretas: una crisis que altera las rutas marítimas o el suministro de petróleo termina por afectar el precio de los alimentos, los costos de producción y el bolsillo de una familia dominicana. Comprender lo que ocurre fuera de nuestras fronteras se ha convertido en una condición para decidir mejor dentro de ellas.

En sus palabras de bienvenida, el doctor Leonel Fernández describió un mundo de fragmentación geopolítica, polarización e incertidumbre económica. También se negó a ver a América Latina y el Caribe como espectadores condenados a aceptar las decisiones ajenas. La región dispone de recursos naturales, potencial energético, capacidad de producir alimentos y una población joven. Pero esos activos solo se convertirán en bienestar si los acompañan instituciones sólidas, educación, productividad, integración regional y políticas que sobrevivan al ciclo electoral. Esa fue la pregunta que ordenó la jornada: ¿cómo hacer que una región con tantas posibilidades gane capacidad real de decisión?

El primer panel abordó los conflictos de Oriente Medio y sus consecuencias globales. La participación de especialistas como Shlomo Ben-Ami, Lisa Anderson y Ali Vaez permitió situar el debate más allá de los titulares de guerra. El doctor Leonel Fernández había señalado en su intervención inicial que las tensiones alteran el comercio marítimo, los precios de la energía y la confianza de los inversionistas. Cuando suben los combustibles o los fertilizantes, el impacto llega a países que no intervienen en el conflicto. Para la República Dominicana, una economía abierta, la geopolítica también se manifiesta en la factura de importaciones y en el margen de acción del presupuesto público.

La conferencia de Shari Spiegel, del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, trasladó esa inquietud al terreno económico. Su presentación retrató una combinación exigente: crecimiento moderado, presiones inflacionarias, mayor costo de la deuda y fragmentación del comercio, las finanzas y el trabajo. La inversión en inteligencia artificial ofrece posibilidades, aunque sus beneficios no se distribuirán automáticamente. Si los servicios digitales se expanden mientras los países más rezagados carecen de conectividad, capital y formación, la brecha puede ampliarse.

Spiegel propuso fortalecer la cooperación internacional en materia de deuda, comercio, impuestos y financiamiento. También atribuyó un papel a la integración regional, los bancos de desarrollo y las estrategias nacionales que impulsen la producción y el empleo digno. Su planteamiento dialoga con la advertencia del doctor Leonel Fernández: tener recursos o acceso a nuevas tecnologías no equivale a desarrollarse. Hace falta preparar a las personas y construir capacidades para que esas oportunidades se conviertan en ingresos y servicios de calidad.

Francisco Rodríguez examinó otra dimensión de la competencia internacional. Su exposición, «La coerción y sus límites», preguntó hasta dónde puede llegar una estrategia estadounidense basada en la presión sobre países latinoamericanos. Su lectura de episodios políticos específicos es una interpretación debatible, pero puso sobre la mesa un cambio comercial según los datos que presentó: China recibió el 24 % de las exportaciones de bienes de América del Sur en 2025, frente al 14 % destinado a Estados Unidos. Esas proporciones corresponden a América del Sur; no deben extrapolarse a todo el Caribe.

El dato muestra que los gobiernos negocian en un hemisferio donde los vínculos económicos se han diversificado. Ampliar socios puede dar opciones, siempre que cada país evalúe con claridad qué obtiene de sus acuerdos. Para la República Dominicana, defender la autonomía significa precisar prioridades propias: mejores empleos, transferencia de conocimiento, acceso a mercados y condiciones transparentes para invertir. También significa conservar una relación constructiva con Estados Unidos mientras fortalecemos la cooperación con nuestros vecinos y con otros socios.

Andrés Dauhajre, hijo, llevó la conversación a una pregunta que ningún proyecto de desarrollo puede esquivar: ¿cómo se financia? Su presentación advirtió que el aumento de la deuda y de sus intereses reduce el espacio para invertir. En su comparación sobre la República Dominicana, situó los intereses de la deuda pública de 2025 en el 4,8 % del producto interno bruto y en el 29,3 % de los ingresos del gobierno general, según los criterios empleados en sus láminas. La inversión pública, en cambio, se ubicó en torno al 2,6 % del PIB.

Estas cifras exigen discusión cuidadosa sobre definiciones y prioridades, pero plantean una tensión difícil de ignorar. Dauhajre propuso racionalizar el gasto, combatir la evasión, revisar exenciones y simplificar el sistema tributario. La pregunta pública debe abarcar también los resultados: qué obras se financian, cómo se ejecutan y qué servicios recibe la gente. Cuidar las cuentas importa porque una deuda costosa resta recursos al futuro; invertir con eficacia importa porque sin infraestructura, educación y servicios adecuados el crecimiento pierde alcance social.

Los paneles de la tarde ampliaron el foco hacia las elecciones latinoamericanas y el voto latino en Estados Unidos. El doctor Leonel Fernández recordó en la apertura que los procesos electorales ponen a prueba la capacidad de las instituciones para garantizar reglas claras y traspasos pacíficos del poder. También subrayó que las decisiones políticas estadounidenses sobre migración, comercio y cooperación repercuten en todo el hemisferio. Para nosotros, la participación de la diáspora merece atención por su influencia cívica, sus conocimientos y sus vínculos con el país, además de las remesas que envía.

Conviene reconocer el esfuerzo del doctor Leonel Fernández por sostener durante ocho ediciones un espacio de reflexión con voces de distintas disciplinas y posiciones. Reunir expertos no sustituye las decisiones de gobierno ni resuelve por sí solo los problemas de la región. Sí ayuda a examinar supuestos, contrastar diagnósticos y formular mejores preguntas. Ese aporte es especialmente valioso cuando los debates públicos se reducen con frecuencia a la urgencia de cada día. Funglode y su institución hermana, la Global Foundation for Democracy and Development, han ofrecido aquí una plataforma para pensar el presente sin perder de vista el futuro.

De sus palabras iniciales y de las exposiciones emerge una invitación dirigida a la República Dominicana: definir dónde queremos situarnos en el hemisferio y qué podemos aportar. Nuestra ubicación, la experiencia de una economía abierta y los vínculos de nuestra diáspora pueden ayudar a tender puentes comerciales, académicos y culturales. Para contribuir con credibilidad, debemos trabajar también en casa: formar talento para los cambios tecnológicos, elevar la productividad, fortalecer las instituciones y acordar cómo financiar las inversiones necesarias.

El foro no deja una respuesta única, y esa apertura es parte de su utilidad. Cada lector puede juzgar qué prioridades deberían prevalecer y qué costos está dispuesto el país a asumir. Mi conclusión es que la región ganará margen de decisión cuando transforme estas reflexiones en políticas comprobables y sostenidas. Como sugirió el doctor Leonel Fernández al abrir la jornada, entender con rigor la realidad es el primer paso para cambiarla. El siguiente, que nos corresponde a todos, es decidir qué haremos con ese conocimiento.

Por: César A. Fernández F.

La entrada Un mundo en disputa y una región ante sus decisiones se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).