Por Víctor Crispín
¿Es nuevo o siempre existió? Sin temor a equivocarme, en esta época las redes sociales han hecho que esto se sobredimensione y hasta cierto punto lo veamos como algo normal; me refiero al tema de la promoción de los antivalores y cómo la sociedad, a través de actores sociales y con el respaldo de algunas marcas comerciales, los ha ido normalizando.
Pero antes de avanzar con el tema, quiero dejar claro qué es un antivalor, y para esto, estimado lector, vamos a definir este concepto, que es el siguiente:
«Los antivalores son conductas, actitudes o valores inmorales que resultan dañinos, negativos y contrarios a la convivencia pacífica en sociedad.»
«Ejemplos comunes
La deshonestidad: Falta de rectitud o mentira en el actuar.
El irrespeto: Desconsideración hacia los derechos, opiniones o dignidad de los demás.
La intolerancia: Falta de aceptación ante las diferencias de otros.
El egoísmo: Pensar solo en el propio beneficio sin importar el daño causado a terceros.
La injusticia: Falta de equidad o atropello a los derechos de una persona.»
Ya teniendo estos conceptos claros, podemos entrar en materia y ver cómo hoy en día los medios digitales y los medios convencionales apuestan por contenido que está cargado de conductas y actitudes que socavan la estructura social, tales como la familia, las buenas relaciones y la convivencia social. Lo peor del caso es que estos contenidos están respaldados por marcas de prestigio que apuestan por este tipo de contenido.
Impensable que en el año 2000 una marca de salamis colgara su publicidad en un programa donde las personas se maldicen unas a otras, mucho menos las generaciones que me anteceden, tales como los Baby Boomers, la Generación X y la Generación Y, tomarían un ron que se promocionara en un programa que fomenta el irrespeto e intolerancia.
Y esto no escapa a un asunto generacional: es cierto que la generación Z es irreverente, que valora su libertad de expresión por encima de cualquier cosa y que no cree en los cánones sociales ya escritos por la sociedad, y eso está bien; pero una cosa muy diferente es normalizar y alimentar conductas socialmente negativas que eventualmente nos pueden salpicar, ya sea en el transporte público, en un hospital, o en la entrada de nuestra casa.
Con este artículo no me quiero declarar santo, ni proponer que el mundo es perfecto y que todo es color de rosas, pero sí que la sociedad analice qué estamos construyendo, sobre la base de qué valores queremos que se sostenga la sociedad, porque para opinar hay que escuchar, para tener una sociedad más justa tenemos que valorar el derecho de las personas, para poder tener convivencia social tenemos que respetar a los demás.
Ahora, los que tienen que analizar si están haciendo las cosas bien o mal son las marcas que apoyan este tipo de contenido y no es vender por vender, es vender con responsabilidad: tienen que evaluar el contenido que patrocinan con los mismos criterios éticos que aplican a su producto, es un poco descabellado que una marca de bebidas alcohólicas promueva sus productos en un programa donde sus invitados han tenido accidentes de forma recurrente por el uso indiscriminado del alcohol, o que una farmacia respalde contenido que carece de ética o seguridad, por lo cual invito a las marcas comerciales a que revaloricen su respaldo a quienes patrocinan, porque esto a la larga tiene un costo.
En cuanto al espectador, es muy probable que este no controle lo que los creadores de contenido suben a sus redes o programas, pero lo que sí puede controlar son las veces que se comparte este tipo de contenido o las veces que se comenta; con cada reposteo o comentario, le estamos diciendo al algoritmo «dame más de esto».
Por último, este concepto tiene que ser discutido y conversado en el seno de la familia, que sea un tema recurrente, que entre en el tema de conversación la palabra «antivalores», que se etiquete y se defina. No quiero decir que los valores se están perdiendo; sonaría como un señor dando un sermón aburrido. Y esto no es una cuestión de que, porque ya esté pasando en otros países, tenga que pasar aquí también: República Dominicana puede ser la excepción.
La entrada El costo silencioso de legitimar los antivalores se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).