Una falsedad de Bernardo Vega probada.
Hay controversias históricas que el tiempo no resuelve. Las resuelven los documentos.
Y hay documentos que tardan décadas en llegar a las manos de quien los buscaba.
Durante años he sostenido una versión que recibí del general Fernando Sánchez hijo, Tutín, acerca de los contactos entre Joaquín Balaguer y Henry V. Dearborn durante los últimos días de la dictadura de Rafael L. Trujillo.
Bernardo Vega decidió impugnar públicamente aquella información en su libro Los Estados Unidos y Trujillo: los días finales, 1960-61.
Para mí aquello nunca fue un simple desacuerdo académico.
En la página 699 de su libro Vega escribió que Dearborn le había confirmado por escrito, el 11 de marzo de 1999, que su reunión con Balaguer del 4 de junio de 1961 había sido su “primera y única entrevista con Balaguer”.
Y utilizó esa afirmación para declarar falsa la versión que yo había recogido del general Tutín Sánchez: que, pocos días antes del 30 de mayo, Dearborn había visitado discretamente a Balaguer por la parte posterior de su residencia.
Los Estados Unidos y Trujillo, 1960-1961_Los días finales.pdf
No se limitó, por tanto, a presentar otra interpretación de los hechos.
Impugnó expresamente una información publicada por mí.
En mi interpretación, aquello pretendía restarle credibilidad y mérito a mi investigación histórica.
Veintisiete años después de aquella publicación, ha aparecido delante de mí un documento oficial estadounidense contemporáneo a los acontecimientos que obliga a revisar aquella afirmación.
Y no fue escrito por un adversario de Dearborn.
Lo escribió el propio Henry V. Dearborn.
Febrero de 1960
El documento forma parte de Foreign Relations of the United States, en el Microfiche Supplement correspondiente al volumen V de la serie 1958-1960.
Es el telegrama número 431, fechado en Ciudad Trujillo a la medianoche del 9 de febrero de 1960.
Dearborn informa al Departamento de Estado:
“Today I accompanied Senator Smathers to remarkable interview with Generalissimo.”
Luego enumera a las personas que participaron:
“Also present were President Hector Trujillo, Vice President Balaguer…”
Ahí está el documento.
Henry Dearborn y Joaquín Balaguer se conocían personalmente, por lo menos, desde el 9 de febrero de 1960.
No desde el 4 de junio de 1961.
No solamente después del ajusticiamiento de Trujillo.
Desde febrero de 1960.
Y no coincidieron en una ceremonia superficial.
Estaban juntos en una reunión extraordinaria en la que el senador estadounidense George Smathers habló directamente con Rafael L. Trujillo sobre su propia desaparición futura.
Smathers le planteó que todos los hombres tenían que morir y que, cuando eso ocurriera, existía el peligro de que el vacío dominicano fuera ocupado por fuerzas semejantes a las que acababan de conquistar el poder en Cuba.
Por eso recomendó que Trujillo preparara, mientras todavía estuviera vivo, una:
“transition to moderate democratic government.”
Una transición hacia un gobierno democrático moderado.
Trujillo respondió señalando que existían un Presidente y un Vicepresidente y que, por ello, la línea de sucesión estaba organizada.
El vicepresidente sentado allí era Joaquín Balaguer.
Y sentado allí estaba también Henry Dearborn.
El telegrama se conserva bajo la referencia Department of State, Central Files, 739.00/2-960. Confidential; Priority.
Eso no es memoria oral.
Es documentación contemporánea redactada por Dearborn la misma noche de los acontecimientos.
Lo que demuestra y lo que todavía no demuestra
Quiero aplicar a mi propia investigación el mismo rigor que exijo a los demás.
Este documento no demuestra todavía que se produjera exactamente la visita clandestina de Dearborn a Balaguer pocos días antes del 30 de mayo de 1961 que me relató Tutín Sánchez.
Ese punto continúa abierto.
Pero el telegrama sí destruye cualquier interpretación según la cual Dearborn y Balaguer fueran dos desconocidos que entraron por primera vez en contacto personal el 4 de junio.
No lo eran.
Se conocían personalmente desde, por lo menos, quince meses antes de la muerte de Trujillo.
La diferencia es decisiva.
Una cosa sería que Dearborn hubiese querido decir en 1999 que el 4 de junio había celebrado su primera entrevista privada o formal con Balaguer.
Otra completamente diferente sería deducir de aquellas palabras que antes de entonces no existía relación o conocimiento personal entre ellos.
El telegrama de febrero de 1960 demuestra que esa última conclusión es falsa.
Las sospechas sobre Balaguer
Y aquí aparece otro elemento que durante muchos años he conservado dentro de mis investigaciones.
Balaguer no inspiraba plena confianza en determinados círculos íntimos del trujillismo.
El general Tutín Sánchez me transmitió que Johnny Abbes García sospechaba que Balaguer le jugaba “doble base” a Trujillo.
No presento esa información como un documento estadounidense.
Es un testimonio que recibí de un protagonista situado en el centro mismo del poder militar de aquellos días.
Pero hay algo todavía más grave.
Conservo desde hace aproximadamente veinticinco años otra información relativa a la actitud de Félix W. Bernardino hacia Balaguer en las horas inmediatamente posteriores al ajusticiamiento.
Según un testimonio cuya identidad he decidido reservar, la propia noche del 30 de mayo de 1961, mientras Balaguer se desplazaba por los pasillos del Palacio Nacional, Bernardino reaccionó violentamente ante la supervivencia política del Presidente.
Según ese testimonio, sostuvo que quienes habían matado a Trujillo debieron haber matado a Balaguer.
Y utilizó para referirse a él una expresión brutal.
Aquello, según la información que conservo, no quedó solamente en una explosión verbal.
Pocos días después, Félix W. Bernardino habría estado dispuesto a eliminar físicamente a Joaquín Balaguer.
La situación llegó, según la información que recibí, hasta el punto de que Ramfis Trujillo tuvo que ordenar al general Tutín Sánchez que pusiera coto a semejante iniciativa.
Tutín intervino.
Balaguer continuó en la Presidencia.
Debo establecer aquí una diferencia fundamental para el lector.
No he encontrado todavía un telegrama, memorando o documento oficial contemporáneo que pruebe ese episodio Bernardino-Tutín con la misma fuerza documental con que el telegrama 431 prueba el conocimiento personal entre Dearborn y Balaguer.
Por tanto, lo presento por lo que es:
una información testimonial que conservo desde hace aproximadamente veinticinco años y cuya documentación continúo buscando.
Pero adquiere significación dentro del contexto que ahora van revelando los archivos.
¿Por qué desconfiban de Balaguer?
Esta es una pregunta que merece ser formulada.
¿Por qué Johnny Abbes habría sospechado que Balaguer jugaba doble?
¿Por qué Félix W. Bernardino habría desarrollado una hostilidad tan violenta hacia él?
¿Hasta qué punto conocían determinados miembros del círculo trujillista las relaciones, contactos o comunicaciones de Balaguer con estadounidenses?
No tenemos todavía las respuestas.
Pero ya tenemos hechos que antes estaban dispersos.
El 9 de febrero de 1960, Dearborn y Balaguer estaban juntos mientras Smathers hablaba con Trujillo de su muerte y de la sucesión.
En agosto de ese año Balaguer pasó de la Vicepresidencia a la Presidencia.
Después de la ruptura de relaciones diplomáticas, Dearborn permaneció en el país como cónsul general estadounidense.
Y sabemos por otros documentos que Washington llevaba tiempo pensando en la República Dominicana después de Trujillo.
El 30 de mayo cambió todo
Trujillo fue ajusticiado la noche del 30 de mayo de 1961.
Dos días después, Washington estaba mirando directamente hacia Balaguer.
El 1 de junio, el Departamento de Estado transmitió que la muerte de Trujillo dejaba a Joaquín Balaguer en una:
“key position”.
Una posición clave.
Washington pidió a Dearborn que estudiara la posibilidad de conversar personalmente y sin registro formal con Balaguer.
Pero ahora sabemos algo indispensable para interpretar esa instrucción.
Dearborn no tenía que acercarse a un extraño.
Conocía a Balaguer desde hacía por lo menos dieciséis meses.
El 4 de junio se produjo la famosa conversación.
El cable estadounidense comienza diciendo:
“Dearborn summoned by Balaguer noon June 4.”
Fue Balaguer quien convocó a Dearborn.
Estaban inicialmente presentes el canciller Porfirio Herrera Báez y Luis Mercado.
La página 700 del propio libro de Vega relata hasta dónde llegó la conversación: Dearborn comunicó a Balaguer que Estados Unidos estaba dispuesto a considerar asistencia militar y que, bajo determinadas circunstancias, esa ayuda podía extenderse frente a sectores de las propias Fuerzas Armadas dominicanas que obstaculizaran el avance hacia la democracia.
Los Estados Unidos y Trujillo, 1960-1961_Los días finales.pdf
No era una conversación protocolar.
Era una conversación sobre poder, Fuerzas Armadas, permanencia del gobierno y eventual respaldo militar de Estados Unidos.
Tres días después, en la Casa Blanca
El 7 de junio Dearborn ya estaba en Washington.
Participó en una reunión en la Casa Blanca junto al presidente John F. Kennedy, Lyndon Johnson, Dean Rusk, Robert McNamara, Robert Kennedy, Allen Dulles y otros responsables de la política exterior y de seguridad estadounidense.
El memorando de aquella reunión se refiere a:
“Dearborn’s conversation with Balaguer (fully reported in cables).”
La conversación con Balaguer había sido completamente informada “en cables”.
El plural continúa llamando mi atención.
Porque indica que todavía debemos buscar más.
Una historia personal
Todo esto posee además para mí una dimensión personal.
Durante muchos años he dedicado una parte considerable de mi trabajo a localizar documentación estadounidense sobre Trujillo, el golpe contra Juan Bosch, el gobierno de 1963, la Revolución de Abril de 1965 y la intervención militar norteamericana.
Juan Bosch conocía perfectamente esa vocación.
He contado muchas veces que en 1989 me dijo:
“Vas a ser mi embajador en Washington.”
Para mí aquella eventual responsabilidad tenía también una dimensión histórica.
Washington significaba los National Archives, el Departamento de Estado, las bibliotecas presidenciales, los papeles de Kennedy, Johnson y numerosos funcionarios que habían intervenido en los acontecimientos dominicanos.
Era una posibilidad extraordinaria para continuar buscando los documentos que pudieran esclarecer definitivamente 1963 y mucho más.
Eso no ocurrió.
Cuando Leonel Fernández llegó a la Presidencia en 1996, le recordé lo que Bosch me había dicho.
La Embajada en Washington fue ocupada por Bernardo Vega.
Yo terminé designado para representar a la República Dominicana ante la Organización de Estados Americanos. Pero no fue lo que Juan Bosch quiso y no fui.
Vega tuvo así acceso privilegiado, durante años, al país, las instituciones y los archivos alrededor de los cuales giraba buena parte de mis investigaciones.
Ésa fue la vida.
Pero los documentos aparecieron
No ocupé aquella Embajada.
No tuve entonces las facilidades que había imaginado para trabajar sistemáticamente en los grandes depósitos documentales estadounidenses.
Pero seguí buscando.
La CIA continuó desclasificando.
Los National Archives abrieron expedientes.
Las bibliotecas presidenciales pusieron nuevas colecciones a disposición del público.
Y el Departamento de Estado digitalizó documentación de Foreign Relations of the United States que durante décadas había permanecido en suplementos de microfichas.
Yo poseo desde hace aproximadamente treinta y cinco años el volumen impreso de FRUS 1958-1960, Volume V, American Republics.
Había trabajado muchas veces con él.
Pero el telegrama del 9 de febrero de 1960 no estaba en las páginas de aquel libro.
Estaba en el suplemento de microfichas.
Ahora está digitalizado.
Y apareció.
La historia no termina con la publicación de un libro
Ningún historiador tiene la última palabra.
Tampoco yo.
Los documentos pueden confirmar nuestras investigaciones.
También pueden destruirlas.
La única obligación seria consiste en aceptarlos cuando aparecen.
En este caso, existe ya un hecho que no depende de interpretaciones:
Henry V. Dearborn y Joaquín Balaguer se conocían personalmente desde, por lo menos, el 9 de febrero de 1960.
Por eso tampoco considero cerrado el testimonio que recibí de Tutín Sánchez sobre un contacto anterior al 30 de mayo.
Y mucho menos considero cerrada la cuestión más amplia:
¿qué sabía el círculo íntimo de Trujillo sobre Balaguer para que Johnny Abbes desconfiara de él y para que Félix W. Bernardino, según los testimonios que conservo, llegara a considerar su eliminación física en los días posteriores al ajusticiamiento?
Debemos seguir buscando.
Los documentos del 1, 2, 3 y 4 de junio.
Los cables completos de Dearborn.
Los archivos de Robert Murphy.
Los expedientes de la CIA.
Las comunicaciones del Departamento de Estado.
Los documentos que todavía permanezcan enterrados en los National Archives.
Porque aprendí hace mucho tiempo algo que esta investigación vuelve a demostrar:
los documentos pueden tardar.
Pueden permanecer durante décadas guardados en una caja, una microficha o un archivo clasificado.
Pero, tarde o temprano,
los documentos aparecen.
La entrada Los Documentos terminan hablando se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).