Cada 12 de octubre recordamos la llegada de Cristóbal Colón a América, en 1492. Aquel acontecimiento abrió una etapa nueva en la historia del mundo y puso en contacto permanente a sociedades que hasta entonces habían vivido separadas por el océano Atlántico. Por eso se habla del encuentro entre dos mundos y, en muchos países, se conmemora el Día de la Hispanidad.
La expresión Día de la Raza forma parte de la manera tradicional de nombrar esta fecha. Sin embargo, los protagonistas no constituían dos grupos uniformes: en América vivían pueblos diversos, con sus propias lenguas, creencias, autoridades y formas de organización. En la isla La Española, con el cual se conoció la isla que hoy comparten la República Dominicana y Haití habitaban comunidades taínas, con una historia y una cultura propias. Al otro lado del océano también había pueblos distintos, aunque compartieran lenguas y vínculos con la monarquía española.
El encuentro dio origen a una relación profunda y duradera. De ella surgieron intercambios de lenguas, conocimientos, alimentos, costumbres y creencias. Con el paso del tiempo se formaron nuevas sociedades y se extendió el español, una lengua que hoy une a millones de personas en muchos países. La Hispanidad también se expresa en la literatura, la música, la religión, la arquitectura y en numerosas tradiciones que forman parte de nuestra vida cotidiana.
Recordar esta fecha con honestidad exige mirar también sus consecuencias dolorosas. La llegada europea trajo conquista, sometimiento y cambios drásticos para las poblaciones originarias. La violencia, las enfermedades y la transformación de sus formas de vida provocaron una gran disminución de la población indígena. Reconocer esos hechos no significa desconocer los intercambios y aportes que surgieron después; significa contar la historia completa, con sus luces y sus sombras.
Los pueblos indígenas no fueron espectadores pasivos de su propio destino. Resistieron, defendieron sus comunidades y dejaron una huella que sigue presente. En nuestra isla, la memoria taína forma parte de la identidad dominicana: vive en palabras, nombres de lugares, conocimientos, costumbres y en la historia de quienes lucharon por preservar su libertad.
El 12 de octubre puede ser, entonces, una ocasión para encontrarnos con nuestra historia sin simplificarla. Celebrar la lengua y los lazos culturales que compartimos, reconocer la diversidad de los pueblos que participaron en ese proceso y honrar la memoria de quienes sufrieron sus consecuencias.
La Hispanidad no debe entenderse como una historia de una sola voz. Es una herencia compleja, formada por encuentros, aportes, conflictos y resistencias. Recordarla con respeto nos ayuda a comprender mejor quiénes somos y a valorar la dignidad de todos los pueblos que hicieron posible nuestra historia.
Por Lidia Martínez de Macarrulla, presidenta de la Fundación Macarrulla.
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