La economía y la comunicación hacen un empate perfecto para la certeza o la incertidumbre. Una mueve a la otra, o más bien, van como una ola que se convidan.
El mundo no tiene ninguna certeza de que podamos tener un ambiente de sosiego, al menos a corto plazo.
Y no es ni siquiera que tengamos más conflictos que en tiempos pasados, pero es obvio que los efectos de la comunicación resultan mucho más eficaces para la variación de los mercados.
Incluso, el poder de la palabra puede llegar a tener los efectos de una bomba, dependiendo desde donde se dispare.
Con esa realidad en la sensibilidad de los mercados, la gerencia económica y política se hacen mucho más demandantes. Y hace la prevención más complicada.
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