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¿Por qué nunca funcionan las reformas a la Policía Nacional?

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Una reforma policial desde 0

Hablemos del mayor error de cálculo en la historia institucional dominicana. Cada vez que el país anuncia una nueva «reforma policial», el debate público se agota en cambios de uniformes, aumentos salariales y seminarios de derechos humanos. Luego, inevitablemente, la reforma fracasa. Para entender por qué ninguna de estas iniciativas funciona, hay que dejar de mirar el presente y revisar la cronología de los hechos. El fracaso constante podría tener una explicación histórica: Estaríamos intentando democratizar una institución que fue diseñada desde su origen, exclusivamente, para la represión y el control absoluto.

La Policía Nacional no habría nacido para proteger al ciudadano. Nació para someterlo, y su evolución cronológica demuestra cómo ese propósito se perfeccionó década tras década.

El problema estructural comenzó en la intervención militar estadounidense. En 1919, el almirante William Knapp emitió una orden ejecutiva para crear la Guardia Nacional. El objetivo de esta fuerza no era la seguridad ciudadana, sino garantizar el dominio territorial de las tropas de ocupación sobre la población dominicana. Dos años después, en 1921, el contraalmirante Thomas Snowden reorganizó este cuerpo militar y lo rebautizó como Policía Nacional Dominicana. Desde su misma concepción, la institución llevaba insertado el código del control extranjero y la supresión de la disidencia.

El verdadero drama político ocurrió años después de la desocupación. En 1928, esta Policía volvió a transformarse en el Ejército Nacional. El presidente Horacio Vásquez nombró al frente de esta fuerza a Rafael Leónidas Trujillo, un oficial formado bajo la dura doctrina de la ocupación. Mientras Trujillo acumulaba influencia, armamento y lealtades en los cuarteles, la clase política civil montó un espectáculo de disputas internas.

Los líderes del Partido Horacista estaban tan concentrados en destruirse políticamente unos a otros por la sucesión de un presidente enfermo, que nadie notó cómo Trujillo absorbía el poder frente a ellos. En las actividades oficiales, el jefe militar ya desplegaba la parafernalia y el protocolo de un jefe de Estado. La ceguera y la ambición de los políticos tradicionales permitieron que la antigua fuerza policial, ahora convertida en Ejército, ejecutara el derrocamiento del gobierno en 1930.

Una vez instalado en el poder absoluto, Trujillo comprendió que un Ejército regular era útil para la defensa nacional y la represión a gran escala, pero resultaba ineficiente para la vigilancia microscópica de la vida diaria de los ciudadanos.

El 2 de marzo de 1936, mediante el Decreto No. 1523, Trujillo reactivó y rediseñó la Policía Nacional Dominicana. Aunque el texto legal declaraba misiones nobles como «mantener el orden, la tranquilidad pública y la seguridad de las personas», la realidad operativa era otra. Trujillo necesitaba una red de inteligencia y control con jurisdicción en cada barrio y campo del país para proteger sus intereses y garantizar que nadie pudiera disputarle el poder. La Policía se consolidó como el brazo operativo de una dictadura, diseñada para inspirar miedo, no confianza, esto queda justificado en las 146 personas fallecidas por “intercambios de disparos”.

Es evidente que el Estado heredó una estructura viciada desde su origen. El colapso sistemático de las reformas policiales en las últimas décadas obedece a una premisa equivocada de que la Policía Nacional es una institución cívica que sufrió un proceso de degradación. La evidencia histórica revela lo opuesto, demostrando que el cuerpo del orden opera con la precisión de su diseño original.

No se puede reformar un cuerpo armado por tropas de ocupación en 1919, que luego Trujillo afiló en 1936 para vigilar a sus opositores, y simplemente ordenarle que empiece a operar con empatía y respeto cívico. Las reformas fallan porque solo le cambian el uniforme a la estructura, dejando intacto su corazón represivo. Hasta que no le arranquemos de raíz ese ADN dictatorial y armemos una seguridad civil desde cero, seguiremos viendo la misma obra con diferentes actores. Dice la canción: no se puede corregir a la naturaleza.. palo que nace doblao…


Por Eddy Manuel Pérez 
M.Ed. and M.P.S.

La entrada ¿Por qué nunca funcionan las reformas a la Policía Nacional? se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).