La supervivencia cumple una función indispensable: nos protege cuando existe una amenaza.
El problema aparece cuando continúa gobernando aun después de que el peligro ha cambiado o desaparecido.
Entonces la mente interpreta cada diferencia como riesgo, cada demora como rechazo y cada pérdida posible como una catástrofe.Vivir así agota.
También reduce el horizonte: dejamos de preguntar qué deseamos construir y solo pensamos en aquello que debemos evitar. Salir de la supervivencia no se logra ordenándonos estar en paz. Antes hay que reconocer qué seguridad falta, qué historia activa la alarma y qué apoyo necesitamos.
A veces la respuesta será interior; otras veces dependerá de condiciones materiales, vínculos confiables o ayuda profesional. La conciencia se expande cuando deja de culpar a la persona por protegerse y, al mismo tiempo, le permite revisar si aquella protección todavía sirve. No todo control es fortaleza ni toda cautela es miedo.
El discernimiento consiste en distinguir cuándo una respuesta nos cuida y cuándo nos encierra. Sobrevivir preserva la vida.
Pero una vez que existe seguridad suficiente, también podemos aprender a habitarla, crear y florecer.
La entrada Cuando sobrevivir se convierte en una forma de vivir se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).