Es como si la naturaleza humana nos condujera a la necesidad del conflicto permanente. Disponemos de recursos suficientes, bien porque nos lo ha brindado la naturaleza y otros que hemos creado a partir de los primeros, usando la inteligencia como fuente de innovación permanente.
Es así a nivel general, pero igual es así en las realidades nacionales. Y, sin embargo, parece que hemos preferido la pelea como modo de convivencia.
Es como si no hayamos podido superar la naturaleza animal del fuerte ir contra el más débil. La angustia de tener nos arruina. Así operan las naciones y también los grupos y las personas.
Y no hemos encontrado el buen sentido, para el necesario equilibrio y construir un mundo de paz.
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