Hay momentos en los que cambiar autoridades es apenas una parte de lo que está ocurriendo. Lo verdaderamente importante es entender qué viene después y cómo se va a conducir esa nueva etapa.
Eso es lo que veo hoy en el Partido Revolucionario Moderno.
La llegada de Luis Abinader a la presidencia del PRM lo coloca en una posición determinante de cara a 2028. No porque tenga que escoger quién sigue, sino porque tendrá que ayudar a garantizar que el proceso se conduzca con reglas claras, equilibrio y sentido de partido.
Y eso no es poca cosa.
Abinader tiene hoy una ventaja que ningún aspirante tiene: no necesita competir por una nueva candidatura presidencial. Eso le permite colocarse por encima de las aspiraciones particulares y concentrarse en una tarea que será fundamental: cuidar la institucionalidad del partido mientras distintos liderazgos crecen y construyen sus propios proyectos.
Ahí estará buena parte de su liderazgo en esta nueva etapa.
Porque dirigir cuando todos están de acuerdo es relativamente sencillo. Lo difícil es conducir cuando empiezan a aparecer intereses distintos y, aun así, lograr que la organización siga funcionando.
En eso Deligne Ascención tendrá también una responsabilidad importante. Si Abinader conduce políticamente, alguien tendrá que ayudar a ordenar la operación, articular posiciones, mantener la comunicación y atender a tiempo las diferencias que naturalmente irán surgiendo.
En política, como en cualquier organización, muchas crisis no empiezan siendo grandes. Crecen porque nadie las atiende cuando todavía son manejables.
Por eso la capacidad de articular también cuenta.
Y en esta nueva estructura hay una figura a la que vale la pena mirar con especial atención: Gloria Reyes.
La Secretaría de Organización no es un cargo cualquiera. Ahí está buena parte de la vida territorial del partido: las estructuras provinciales y municipales, la dirigencia media, la movilización y el contacto permanente con la base.
Gloria asume una responsabilidad enorme, pero también una gran oportunidad. Fortalecer la organización, ampliar la participación y mantener conectadas las estructuras será determinante en los próximos dos años.
Eso también es liderazgo: no solo tener presencia pública, sino lograr que las cosas funcionen.
El PRM, además, no está sustituyendo unos liderazgos por otros.
Hipólito Mejía conserva un peso histórico y un respeto dentro de la organización que no dependen de ningún cargo. Carolina Mejía mantiene un liderazgo sólido y una presencia política propia. David Collado es, sin duda, uno de los dirigentes con mayor proyección dentro del partido.
Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón también ha construido un espacio importante, especialmente por su capacidad de relacionamiento y articulación política.
Y la llegada de Juan Garrigó Mejía a la Secretaría General introduce algo que considero necesario en cualquier organización que quiera mantenerse vigente: relevo generacional.
Los partidos también tienen que saber renovarse.
Eso no significa desplazar la experiencia. Significa conectar experiencia y renovación, abrir espacios y permitir que nuevas generaciones asuman responsabilidades reales.
Garrigó tendrá ahora esa oportunidad.
Wellington Arnaud también ha venido construyendo su espacio y fortaleciendo relaciones dentro del partido, como otros dirigentes que legítimamente proyectan su futuro político.
Y eso no debería preocupar a nadie.
A mí me preocuparía más un partido donde nadie aspire, nadie crezca y nadie quiera asumir nuevas responsabilidades.
El problema no está en aspirar.
El problema comienza cuando para crecer hay que excluir a otro, cuando competir significa romper o cuando una corriente empieza a creerse más importante que el propio partido.
Ahí está, para mí, el verdadero reto del PRM hacia 2028.
No evitar la competencia. Saber conducirla.
Que haya reglas.
Que haya confianza.
Que haya espacios para todos.
Y que nadie pierda de vista que, después de cualquier proceso interno, habrá que volver a encontrarse.
Abinader tendrá que conducir esa etapa. Deligne tendrá que ayudar a que funcione. Gloria tendrá una responsabilidad central en la fortaleza organizativa y territorial. Hipólito, Carolina, David, Yayo, Garrigó, Wellington y los demás liderazgos seguirán construyendo desde sus respectivos espacios.
Eso es natural.
Lo importante será que ninguno olvide algo esencial: ningún proyecto individual puede terminar siendo más importante que el proyecto colectivo.
Por eso, cuando pienso en 2028, la pregunta no es solamente quién llegará primero.
La pregunta que de verdad importa es si quienes recorran caminos distintos serán capaces, llegado el momento, de volver a encontrarse alrededor de un mismo propósito.
Ahí se medirá la madurez del PRM.
Porque una organización fuerte no es aquella donde no existen diferencias.
Es aquella que sabe procesarlas, renovarse y seguir avanzando sin perder el rumbo.
Por: Yudelka Batista
La entrada El PRM ya entró en 2028: liderazgo, relevo y poder en una nueva etapa se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).