Distinguidos lectores:
Hay problemas que, de tanto repetirse, corremos el riesgo de asumir como parte de nuestra normalidad. La falta de planificación, organización y orden es uno de ellos.
En mi experiencia profesional-laboral la vemos en las políticas públicas que no siempre responden a una visión integral, en los servicios que obligan a la ciudadanía a perder tiempo y recursos, en decisiones que parecen tomarse sin medir sus consecuencias y en nuestro propio quehacer cotidiano, donde muchas veces dejamos para mañana lo que debimos prever ayer.
Y no, no se trata de justificarlo diciendo que siempre ha sido así, que somos un país en desarrollo o que las circunstancias nos obligan a improvisar: una cosa es enfrentar lo inesperado y otra muy distinta es convertir la improvisación en un método de trabajo.
Cuando no planificamos, alguien termina pagando el precio: el ciudadano que pierde horas en una institución, la familia que enfrenta las consecuencias de una obra mal concebida, la comunidad que queda desprotegida ante una emergencia o la sociedad que destina recursos a corregir errores que pudieron evitarse. El desorden no siempre hace ruido, pero cuesta tiempo, dinero, confianza y oportunidades. Por eso, este no es un llamado a la perfección, sino a la responsabilidad.
Necesitamos instituciones que anticipen, planifiquen, coordinen y evalúen; pero también una ciudadanía conscientes de que el orden y la organización comienzan en nuestras propias acciones. No podemos exigir eficiencia mientras normalizamos la negligencia, ni aspirar a mejores resultados si seguimos haciendo las cosas de la misma manera.
Un país no se construye únicamente con grandes anuncios y buenas intenciones; también se construye pensando antes de actuar, haciendo lo que corresponde y asumiendo las consecuencias cuando no lo hacemos. La pregunta es: ¿vamos a seguir acostumbrándonos al desorden o finalmente vamos a entender que organizarse y planificar también es una forma de respetarnos y respetar a los demás?
Por Evelin Peguero
@evelinpolin
Periodista con más de 15 años de experiencia en varios medios de comunicación y corporativa, estudiante de Sociología
La entrada La improvisación no puede ni debe ser la norma se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).