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POR JOSÉ LUIS TAVERAS (https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/haiti-circo-negro-HD9410584)

 

Hay una diferencia sustancial entre reaccionar y responder. La reacción es una determinación emotiva y repentista provocada por las circunstancias; la respuesta es, en cambio, una solución racional a un problema concreto. Una es decisión emotiva; la otra, resultado de la reflexión. Lo que últimamente hizo el Gobierno con el apremio inmigratorio haitiano fue una típica reacción. Reforzar militarmente la frontera no es respuesta, es una acción aislada a un problema complejo manejado con dejadez histórica.

La seguridad fronteriza nunca debió ser un reclamo de hoy, más cuando disipamos décadas ociosas sin poder establecer estándares mínimos de seguridad y protección. El pomposo dispositivo de reforzamiento fue un sensual strip-tease, un golpe de efecto populista para desactivar presiones. Esta medida debió ser un operativo rutinario en la gestión fronteriza. Pero la idea nunca ha sido resolver, sino impresionar, remediar y, como siempre, camuflar. Con este barato espectáculo Danilo Medina espera salvas de gloria. Ya en otros tiempos y gobiernos vivimos los mismos trances con parecidas reacciones demagógicas. Tramas retóricas de todo cuño para fabricar percepciones fantasiosas. Se nos ha hecho tarde. Seguimos pendientes de respuestas. Pretender un descargo por estos amagos es ilusorio; el Gobierno no puede seguir tejiendo con retazos su política exterior frente a Haití. El problema nos desborda y está asumiendo ribetes peligrosamente irreversibles.

Haití y su inmigración ilegal debe ser el primer tema de la política exterior dominicana. Esa nación perdió interés en las agendas globales. La comunidad internacional, siempre escurridiza, no siente culpa ni constreñimiento. Los gobiernos dominicanos, por su parte, han jugado al avestruz como si esa carga no pesara sobre nuestro futuro. Una actitud omisa que han aprovechado las potencias del hemisferio para desentenderse. Quien tiene que resguardarse de su propia desidia es el Estado dominicano, obligado por las circunstancias a una política exterior proactiva, defensiva y visionaria. Pero ha preferido jugar a la demagogia circense con un tema nada divertido.

Lo menos que podíamos esperar del eufemístico “gobierno compartido” con el PRD era una propuesta de sólidas bases sobre las relaciones con Haití y un plan de defensa internacional defendido uniformemente en los principales foros mundiales. Pero quizás era mucho pedirle a un gobierno atado a la cultura del empleo, donde el servicio exterior, convertido en plaza laboral, opera como una agencia burocrática para cargos políticos. En su promiscua nómina, el Ministerio de Relaciones Exteriores mezcla intelectuales, diplomáticos de carrera, becados, activistas, amantes oficiales, gente de farándula, negociantes y un surtido diverso de vagos. El servicio exterior dominicano ha sido una verdadera ignominia, usado como negocio para las alianzas políticas y donde consulados se cotizan, se certifica la trampa y se trafica hasta el alma. Justamente los consulados más apetecidos, después de los de las grandes ciudades americanas y europeas, son los acreditados en poblados haitianos, convertidos en santuarios de la prostitución fronteriza, esa afrenta que nos abochorna para legalizar el contrabando, el tráfico de personas, droga, prófugos y armas. La dimensión del problema migratorio impone la creación de una unidad en la Cancillería dominicana, especializada en asuntos haitianos y soportada por expertos.

Haití es el ejemplo más exitoso del caos como negocio. La frontera está controlada por mafias binacionales. Los volúmenes del tráfico no registrado son incuantificables. El comercio oficiosamente controlado maneja en promedio cerca de mil doscientos millones de dólares en importaciones haitianas de productos dominicanos, siendo ese país nuestro segundo socio comercial. El problema haitiano está en manos de los gobiernos, pero a ninguno le importa; perdieron dominio, interés y motivos. Los episódicos cierres de fronteras son chantajes o presiones extorsivas de algún lado cuando las mafias quieren imponer su mando o mejorar rentabilidades. La frontera no es una línea de soberanía, es un corredor de negocios.

El problema haitiano es más que frontera, deportaciones, regularización de indocumentados o proclamas patrióticas; es sobrevivencia, futuro y legado. Haití es inviable y esa condición irremisiblemente nos arrastra. La República Dominicana no es solución, por eso el país debe abanderarse y liderar el reclamo por el rescate internacional de Haití para que el mundo entienda que nuestra pobreza no sustenta la miseria haitiana, que no podemos absorber el drama haitiano, que nos bastan nuestros propios problemas.

Necesitamos una inteligencia serena para manejarnos sin fanatismos ni provocaciones. El mejor aliado de la injerencia externa es una situación de violencia para “legitimar” cualquier imposición bajo el pretexto de violación a los derechos humanos, tratos xenófobos o prejuicios raciales. Muchos Estados y gobiernos desearían un cuadro parecido; sería su mejor entrada. Y es que cuando no se tiene el interés de actuar, como lo ha demostrado la comunidad internacional, cualquier incidente es valedero. De hecho, laten oscuros intereses que procuran precipitar en ambos lados acciones de fuerza y violencia a través de instigaciones siniestras. Seguirles el juego es necio. En ausencia de un plan internacional que involucre activa y sostenidamente a las principales naciones del hemisferio, el deterioro de las condiciones de vida en Haití devendrá en catastrófico. Este tema, arrimado por años, se nos ha hecho grande. El Gobierno debe asumir sin pantomimas ni acrobacias una responsabilidad histórica impunemente abandonada. Dejemos el circo ¡Ahora o nunca! Disponible en https://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/haiti-circo-negro-HD9410584 This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

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En ocasión del 174 aniversario de la Independencia Nacional, el Poder Ejecutivo dispuso el ascenso de 3,262 miembros del Ejército, 1,475 de la Armada, 817 en la Fuerza Aérea y en la Policía Nacional 5,932, para un total de 11, 544 ascensos.

En el Ejército de la República Dominicana ascendieron 85 tenientes coroneles a coroneles, 143 mayores a tenientes coroneles, 271 capitanes a mayores, 312 primeros tenientes a capitanes, 189 segundos tenientes a primeros tenientes, 395 sargentos mayores a segundos tenientes, 524 sargentos a sargentos mayores, 351 cabos a sargentos, 992 rasos a cabos.

En la Armada de la República Dominicana, 32 a capitanes de fragata pasaron a capitanes de navío, 45 capitanes de corbeta a capitanes de fragata, 87 tenientes de navío a capitanes de corbeta, 149 tenientes de fragata a tenientes de navío, 129 tenientes de corbeta a tenientes de fragata, 194 sargentos mayores a tenientes de corbeta, 219 sargentos a sargentos mayores, 311 cargos a sargentos, 309 marineros a cabo.

En la Fuerza Área ascendieron a 43 tenientes coroneles a tenientes, 44 mayores a tenientes coroneles, 74 capitanes a mayores, 102 primeros tenientes a capitanes, 119 segundos tenientes a primeros tenientes, 40 sargentos mayores a segundos tenientes, 28 sargentos a sargentos mayores, 67 cabos a sargentos, 300 rasos a cabo.

En la Policía Nacional, 69 tenientes coroneles fueron ascendidos a coroneles, 199 mayores a tenientes coroneles, 415 capitanes a mayores, 546 primeros tenientes a capitanes, 535 segundos tenientes a primeros tenientes, 354 sargentos mayores a segundos tenientes, 833 sargentos a sargentos mayores, 982 cabos a sargentos, 1,999 rasos a cabo. Con un total de 5,932 policías ascendidos. (https://www.diariolibre.com/noticias/poder-ejecutivo-asciende-11-544-miembros-de-las-fuerzas-armadas-y-la-policia-nacional-BF9403300) 

Link para ver el listado de ascensos en el EJERCITO RD (en desarrollo)

 

Link para ver el listado de ascensos en la ARMADA:  http://www.marina.mil.do/portal/images/stories/documentos/ASCENSO%20DE%20LA%20ARD.%202018.pdf 

Link para ver el listado de ascensos en la FARD:  http://fuerzaaerea.mil.do/Ascenso-2018 

Link para ver el listado de ascensos en la PN (en desarrollo)

 

 

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Bernardo Alemán Rodríguez El Congreso Nacional tiene la facultad de legislar y fiscalizar la administración pública en representación del pueblo, que le elige mediante voto popular, por lo que sus miembros tienen la obligación por mandato de la Constitución de asistir a las sesiones para velar que esto se cumpla. Sin embargo, no todos asisten con la frecuencia que deberían.

 

Al respecto la Constitución dominicana es clara y específica en su artículo 88 que “las y los legisladores deben asistir a las sesiones de las legislaturas”, así como someterse al régimen de inhabilidades e incompatibilidades de ocupaciones que les impide ejercer cualquier otra función pública o privada que no fuese la docencia.

Además, establece que “quienes incumplan lo anterior perderán su investidura, previo juicio político de acuerdo con las normas instituidas por esta Constitución y los reglamentos (del Congreso) y no podrán optar por una posición en el Congreso Nacional dentro de los diez años siguientes a su destitución”.

“Durante las legislaturas ordinarias los diputados deben registrar una asistencia no menor del setenta por ciento de las sesiones efectuadas”

En el caso de la Cámara de Diputados, compuesta por 190 representantes de distintas demarcaciones del país y de la diáspora, su reglamento interno refiere en su artículo 25 que los legisladores deben “asistir puntualmente a la hora fijada para las sesiones y permanecer en ellas hasta su término”.

“Durante las legislaturas ordinarias los diputados deben registrar una asistencia no menor del setenta por ciento de las sesiones efectuadas”, instruye el Reglamento de la Cámara de Diputados.

Dicho reglamento da facultades a su Consejo de Disciplina a iniciar el proceso que indica el artículo 83 de la Constitución, en su numeral 1, de acusar ante el Senado a aquellos funcionarios “por la comisión de faltas graves”.

El mismo reglamento tiene algunas excepciones para otorgar una “excusa legítima”, como es el caso de fallecimiento de un familiar, indisposición por enfermedad, licencia concedida por la Cámara de Diputados, realización de trabajos encargados en las comisiones o para las gestiones oficiales en representación de la Cámara.

De acuerdo al registro de asistencia de la Cámara de Diputados que abarca desde el 16 de agosto del año 2016 al 15 de agosto del 2017, estos son los diez legisladores que más ausencias registraron desde el día 16 de agosto de 2016 al 12 de enero de 2018:

Bernardo Alemán Rodríguez
Bernardo Alemán Rodríguez

Bernardo Alemán Rodríguez, diputado por el Partido Revolucionario Moderno (PRM), faltó a 73 de 84 sesiones (desde el 16/08/2016 al 15/08/2017) de las que en 50 ocasiones no presentó ninguna excusa para un promedio de 40% de asistencia.

En el último período (del 16/082017 al 12/01/2018) Alemán Rodríguez registró una inasistencia de 33 ocasiones, de las cuales 19 no tuvieron ninguna excusa para un 47 por ciento.

Elvin Antonio Fulgencio
Elvin Antonio Fulgencio

Elvin Fulgencio, diputado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), tiene un registro de 52 ausencias en 84 sesiones (desde el 16/08/2016 al 15/08/2017), de las cuales en 27 ocasiones no presentó ninguna excusa y tuvo un promedio asistencial de 68%.

El legislador peledeísta faltó sin presentar excusas en 24 ocasiones (del 16/082017 al 12/01/2018) con apenas 12 asistencias en 36 sesiones ordinarias para un promedio de asistencia de un 33%.

Rubén Darío Luna Martínez
Rubén Darío Luna Martínez

Rubén Darío Luna Martínez, diputado por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), faltó a 74 de 84 sesiones (del 16/082017 al 12/01/2018) en las cuales presentó excusas. Ha asistido apenas a diez sesiones aunque su promedio es de un 100 por ciento.

Martínez es diputado de ultramar y en el último período (del 16/082017 al 12/01/2018) sólo asistió a 7 sesiones, mientras se excusó en 29 de las 36 sesiones.

 

Héctor Ramón Peguero Maldonado
Héctor Ramón Peguero Maldonado

Héctor Ramón Peguero Maldonado, del Movimiento Democrático Alternativo (MODA), tuvo 42 ausencias (del 16/082017 al 12/01/2018) con 35 excusas y un total de 42 asistencias con un promedio de 92 por ciento.

En el último período, Peguero Maldonado, faltó en las 36 ocasiones por las cuales se excusó a su vez, por lo que pese a no asistir mantuvo un porcentaje de asistencia de un 100%.

Jacqueline Montero
Jacqueline Montero

Jacqueline Montero, diputada del Partido Revolucionario Moderno (PRM), tuvo un total de 41 ausencias (del 16/082017 al 12/01/2018), 37 de estas con excusas y cuatro sin excusar. Mantiene un récord de asistencias de un 95%.

Aciris Milciades Medina Báez
Aciris Milciades Medina Báez

Aciris Milciades Medina Báez, diputado por el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), se ausentó un total de 39 veces del 16/082017 al 12/01/2018), 32 de ellas con excusas y un promedio de 92 % de asistencia.

Miguel Ángel Peguero Méndez
Miguel Ángel Peguero Méndez

Miguel Ángel Peguero Méndez, Partido Popular Cristiano (PPC), estuvo ausente en 42 ocasiones (del 16/082017 al 12/01/2018), seis de ellas sin excusas. Pese a tener registro de 42 asistencias a las sesiones legislativas, mantuvo un 93 % de asistencias.

Rafaela Alburquerque de González
Rafaela Alburquerque de González

Rafaela Alburquerque de González, diputada por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), estuvo ausente durante 31 sesiones (del 16/082017 al 12/01/2018), de las cuales presentó excusas en 18 ocasiones. Sus 53 asistencias efectivas le valieron un porcentaje de 85% del registro asistencial.

Eduard Jorge Gómez
Eduard Jorge Gómez

Eduard Jorge Gómez del Partido Revolucionario Moderno (PRM), tuvo un total de 36 ausencias (del 16/082017 al 12/01/2018). Aunque solo asistió en 48 ocasiones de las 84 sesiones celebradas, mantuvo un porcentaje asistencial de 92%.

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Por Melvin Mañón. Así como en todo el mundo los chinos se hicieron los reyes del arroz frito, los mexicanos internacionalizaron los tacos y los italianos nos enseñaron a comer pizzas; los dominicanos se han apropiado del ruido y lo universalizan a alta velocidad, tanto, que se ha convertido en parte de la marca nacional, algo con lo cual se nos asocia, parte de lo que nos define, rasgo vital de la nueva identidad.

Dentro del territorio dominicano y desde hace años el ruido pasó de ser un invasor a un acompañante de los lugares públicos, una evidente ganancia de terreno y status.  Una vez, cuando todavía el ruido, como la peste bubónica no había causado estragos abandoné un resort porque me alojaron en una habitación al lado de la piscina y ya sabía yo lo que se me venía con las “actividades” y el supuesto entretenimiento.

Años después, y también antes, había que solicitarle cordialmente a alguien en la playa que por favor bajara la música porque a cierto volumen agrede, cualquier tipo de música y sobre todo si no es la que usted quiere oír ni el momento en que quiere hacerlo aun fuera música de su gusto, ¿a cuenta de que hay que llenarse los oídos de música que uno no quiere oír?

Luego en cada colmado, pulpería o barra del país entero instalaron bocinas apuntando hacia la calle; hay que gritarle al dependiente lo que uno quiere comprar y el tipo apenas oye por el volumen de la música que tiene todo el santo día y que a el no le molesta ni tampoco tiene consciencia o no le importa si agrede a los demás vecinos y transeúntes.

Tanta gente asueñada, de mal humor, con la cabeza hueca o embrutecida deben esa condición al exceso de ruido; la música tocada así,  alta, continua y cuando nadie la oye ni le pone caso es solamente eso: ruido. Y mas de uno sinceramente se extrañara o incluso se sentirá agredido si se le pide o se le exige bajar el volumen de la música.

El mismo ruido pasó a los centros comerciales donde cada tienda pone su propia música y el centro comercial, por su parte, coloca otra distinta para acentuar el caos pero entre ambos se aseguran de que no haya espacio libre de ruido y con frecuencia, porque ya me ha pasado en varios países: usted pide bajar el volumen y el empleado le dice que no puede hacerlo porque lo controlan desde otro sitio y casi siempre está esa voz chillona, el griterío y el absurdo.

Incluso en tiendas cuyo público es bien adulto y gente mayor, tocan la misma basura con el griterío y el escándalo. Se han puesto de acuerdo en rodearnos de ruido, continuo, musicalizado, universal, impertinente y es como una droga que desaloja cualquier idea y crea adicción y con la adicción vine la sumisión y el embrutecimiento.

EN LAS OFICINAS

Aun mas tarde, el ruido musical invadió los despachos, oficinas y áreas de recepción de instituciones y empresas donde las empleadas tararean las letras que escuchan y prefieren esperar a que termine la canción para atender al recién llegado que a fin de cuentas lo que hace es estorbar el disfrute y esparcimiento del empleado. Y ¿sabe el lector lo mas extraordinario de esto? La gente no se queja, aunque no oiga el ruido, no le guste la música o el volumen de esta o el tipo de música; la gente no se queja y mas de uno se ha extrañado de que lo haga yo.

 A medida que uno se mueve en Estados Unidos o Europa las áreas de dominicanos son claramente identificables y sus negocios inconfundibles no solamente por el ruido sino también por los modales, la chusmería y la basura.

 Esta combinación  ¡ horror! se ha ido expandiendo y ya no es atributo exclusivo de los dominicanos y no hablo solamente de Miami y Nueva York. El ruido ya está en casi todas partes y es computable, al menos parcialmente a los dominicanos que antes no eran ruidosos pero que  con la quiebra de la idea y el proyecto revolucionario abrazaron el consumo, el hedonismo, la individualidad y abandonando toda idea  se llenaron de ruido para apagar la consciencia y después empezaron a glorificarlo. (http://almomento.net/los-dominicanos-se-han-apropiado-del-ruido-y-lo-universalizan-a-alta-velocidad/) 

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