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  • ¿Dónde y cómo se forman los ciclones?
     
 
 

Ningún ciclón tropical se forma en tierra, sino en regiones oceánicas del mundo, entre ellas la Cuenca del Atlántico, de donde provienen los que han afectado a la República Dominicana.

Los huracanes se forman donde el agua y el aire son tibias. Áreas donde la temperatura es mayor a los 26° C., en regiones próximo al Ecuador, al norte de 4° de latitud sobre el Océano Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México.

La inestabilidad conectiva en el transporte del aire húmedo y cálido hacia los niveles de la atmosfera y si la fuerza del viento según la altura va tornándose débil, son otras condiciones que favorecen la formación de los huracanes.

Asimismo el área de baja presión que se forma sobre una amplia extensión de agua tibia que es desplazada  hacia la baja presión central. La fricción de la superficie hace que el viento comience a girar cerca del centro, lo que produce el movimiento circular característicos del fenómeno.

El aire que se agrega durante el trayecto, saturado con agua, se enfría, se condensa y forma las nubes.

El calor que se emite cuando el agua se condensa, hace que el aire de arriba se calienta y aumenta su presión.

El nombre que reciben estos fenómenos atmosféricos depende de la región donde se formen.

Se le llama Ciclón si se forman en la Bahía de Bengala, porción de mar en el área noreste del océano Índico, cuya forma parece un triángulo. Los formados en esta zona suelen ser los más violentos.

Tifón, si se forma en el Oeste del Océano Indico y Willy-Willy si es en Australia y Baguio en Filipinas (http://63.134.216.63:8026/la-republica/2017/09/06/481181/relacionado-con?AspxAutoDetectCookieSupport=1)

Danilo destituye a Peguero Paredes y nombra a Ney Aldrin Bautista nuevo director de la Policía
 

El presidente Danilo Medina  destituyó al mayor general Nelson Peguero Paredes como director general de la Policía y en su lugar designó a al general Ney Aldrin Bautista. tambien nombró a Nelvis Pérez Sánchez como subdirector de esa institución. La designación está contenida en el decreto 320-17.

Mientras que con el decreto 321-17, el jefe de Estado puso en retiro a los generales  Nelson Peguero Paredes, Manuel Castro Castillo y José Armando Polanco Gómez, con disfrute de sus pensiones. Los tres fueron jefes de la Policía Nacional.

Desde 2015, Bautista Almonte se desempeñaba como director general de la Dirección Central de Investigaciones Criminales (Dicrim).  (http://www.listindiario.com/la-republica/2017/08/30/480445/danilo-destituye-a-peguero-paredes-y-nombra-a-ney-aldrin-bautista-nuevo-director-de-la-policia)

Haitianas ocupan mayoría de camas en cuidados intensivos

Salud. Una haitiana cuando era traslada a sala de parto en la Maternidad San Lorenzo de Los Mina, ubicada en el municipio Santo Domingo Este. Esas pacientes llegan a los centros del país al momento de parir.

 

Las parturientas haitianas son las que más ingresan a las unidades de cuidados intensivos de las maternidades Nuestra Señora de La Altagracia y San Lorenzo de Los Mina, adonde llegan en su mayoría desde el vecino país directamente a dar a luz.

De acuerdo con la directora de la Maternidad La Altagracia, Joselyn Sánchez, este año ha ido en aumento el consumo por parte de las pacientes haitianas, incrementándose aún más en la unidad de cuidados intensivos (UCI).

En ese hospital, de cada seis camas en la UCI, cinco son ocupadas por mujeres del vecino país, representado un gasto de RD$10,000 o más al día, dependiendo la condición con que lleguen.

En cuanto al hospital materno infantil San Lorenzo de Los Mina, de ocho camas, cinco se ocupan con madres haitianas, lo que significa un gasto de hasta 30,000 pesos, según el director de ese centro, Víctor Calderón.

Sostiene que el problema es que son pacientes que vienen sin el chequeo prenatal, sin ningún tipo de cuidado y que llegan a estas maternidades desde Haití a parir.

“Son pacientes que vienen simplemente a parir, entonces en el embarazo se producen anemias, enfermedades que no son tratadas, entonces complican el embarazo”, dijo el facultativo.

Sánchez sostiene que aunque el consumo por la cantidad de pacientes haitianas que llegan al hospital ha ido en aumento, la atención que se les da es de calidad y que no se escatiman los recursos.

“En ocasiones preguntamos en dónde se chequeaban y han venido directamente de Haití a parir a la maternidad”, indicó.

Dijo que la mayoría no habla bien el español y también llegan sin documentos a la hora de ser atendidas.

“En una ocasión me encontré con una paciente que le habíamos dado de alta y le preguntamos dónde usted vive y dijo,  yo vine de Haití y ahora voy para Higüey a buscar a mi esposo para alquilar una casa”, contó.

Dijo que es una situación muy crítica, pero precisó que hay que darles la atención porque son seres humanos.

2,401 PARTOS DE HAITIANAS EN APENAS SIETE MESES
Asimismo, Víctor Calderón dijo que el costo en las UCI es elevado porque se utilizan medicamentos costosos y oxígeno, mas el servicio especializado que hay que darles. En ambos hospitales de enero a julio de este año se han realizado 2,401 partos a mujeres haitianas, en su mayoría vía vaginal. Cada parto, dependiendo de la complejidad, tiene un costo al Estado entre los 7,000 y 60,000 pesos. (http://www.listindiario.com/la-republica/2017/08/26/479819/haitianas-ocupan-mayoria-de-camas-en-cuidados-intensivos)

RD en estado de agonía por olvidar sus raÍces
 

“Un pueblo sin conocimiento de su historia pasada,
el origen y su cultura es como un árbol sin raíces”.
-Marcus Garvey-

Rafael Guillermo Guzmán Fermín
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Así como un árbol languidece al ir perdiendo sus raíces, de igual manera en lontananza, observamos ante un aniversario más de la gesta restauradora, cómo la República Dominicana parece agonizar lentamente por ir olvidando su historia, su trascendental origen para el descubrimiento de América y por ir transmutando su cultura.

Nuestra nación está agonizando, no primariamente por los efectos devastadores de la inseguridad ciudadana, ni por los índices de pobreza, los escandalosos actos de corrupción, la crisis de partidos, es más, ni si quiera se extingue por la peligrosa inmigración ilegal, a pesar de que esta epidemia migratoria viene a ser la consecuencia mortal de “algo” en descomposición, tal como una plaga de insectos hambrientos devora las raíces de un árbol centenario.

Me preocupa ver mi país, la República Dominicana, agonizando porque sufre una crisis de valores y de una epidemia moral. La gran mayoría de la actual generación de dominicanos parece solo aspirar a disfrutar de una vida suave, buscando “ganar” dinero rápido y con el mínimo esfuerzo, estar atentos a las remesas de sus familiares que residen en el exterior o simplemente esperar a ser incluidos, por obra y gracia de algún político, en uno de los programas sociales de “solidaridad” del gobierno.

Esos mismos “ciudadanos” no están siempre dispuestos para aprovechar las excelentes ayudas económicas que públicamente se ofertan para prepararse académicamente y ser una fuente de mano de obra calificada para salir de la pobreza, sino que prefieren utilizar sus limitados recursos monetarios para hacerse asiduos contertulios de los ya tradicionales colmadones, entre otras prácticas no productivas y que atentan con la moral, salud y el futuro de ellos mismos.

Con pesar, observo que una mayoría de mis conciudadanos parecen haber olvidado, y por tanto ya no creen en aquellos fundamentos que dieron origen a la conformación de nuestras creencias y tradiciones, que a su vez fueron las “raíces” de donde se nutrió la sociedad secreta La Trinitaria, aquel árbol frondoso, que sustentado en jóvenes de entre 20 y 30 años, daría pronto con el mejor fruto: El nacimiento de la República Dominicana. Cada vez creemos menos en nuestras raíces ibéricas, en los cánones morales de nuestros antepasados, en el trabajo duro y honrado para generar riqueza, y en la palabra empeñada como contrato de honor. Actualmente prefieren el “dembow” al merengue, y aspirar el humo de una “hookah”, que aspirar a ingresar en la universidad para ser buenos profesionales. También notamos cada vez más cómo relegamos el referente moral del cristianismo, cuya fe en la Santísima Trinidad fue la base del nombre de La Trinitaria.

Nunca olvidemos, que nos independizamos de la sanguinaria dictadura haitiana, la cual intentó durante veintidós (22) años de aniquilar todo lo que fuera proveniente de nuestras raíces culturales hispánicas, tales como, el idioma español por el creole, la literatura castellana por la francesa, la expulsión de los residentes blancos para instaurar la supremacía negra, la discriminatoria prohibición de los cultos cristianos por el vudú, entre otros tantos abusos contra nuestros orígenes.

Tampoco olvidemos que, al independizarnos de Haití, dimos una demostración inequívoca de retomar nuestras tradiciones culturales de origen, insertando sobre la bandera haitiana una cruz blanca, y para reafirmar nuestra vocación cristiana, en el centro de la enseña tricolor se colocó el escudo dominicano con una biblia abierta y la Cruz de Cristo, como símbolos de fe en las sagradas palabras de DIOS, PATRIA y LIBERTAD.

En este lapidario escenario, luego de no prestar atención a las advertencias de nuestros sabios y viejos líderes políticos del otrora, los dominicanos, con nuestras acciones, hemos continuado socavando nuestros propios cimientos, como aquel sepulturero que cava su propia tumba (Proverbios 26:27), y en medio de esta ceguera, escuchamos frecuentemente las quejosas preguntas: ¿Qué está ocurriendo en nuestra sociedad? ¿Por qué están sucediendo tantos hechos de violencia, drogas y corrupción?

La respuesta está, en que se están secando nuestras raíces por olvidar cada vez más nuestra historia, nuestros orígenes y cultura.

¿Podrán nuestras tradiciones políticas democráticas, nuestras costumbres autóctonas, nuestro patrimonio religioso y cultural, sobrevivir ante la indetenible inmigración haitiana, y más aún cuando los inmigrantes ilegales que estamos forzados a darles “acogida” siempre hacen resistencia a la integración total con sus anfitriones?

Ante este panorama, nos negamos a creer que nuestras raíces hayan sido plantadas en terreno arcilloso por nuestros padres fundadores, sino más bien, que este “punto de marchitez” de la cepa nacional ha sido producto del descuido de algunos “jardineros” a través del tiempo.

Sin embargo, albergamos la firme esperanza de que aún estemos a tiempo, luego de la histórica sentencia 168-13 del honorable Tribunal Constitucional, pues la Nación, al igual que el suelo sobre el cual se encuentra situada, es patrimonio y a la vez responsabilidad de toda la sociedad, siendo el Estado, por mandato de esa misma sociedad, el “jardinero” que por mandamiento constitucional está en la obligación de cuidar y proteger el tronco de la Patria y las raíces que la nutren y le dieron sustento.

De manera, que retomando el pensamiento de referencia del periodista Marcus Garvey, se puede argumentar que una nación, para sobrevivir, tiene la necesidad de echar raíces, o sea, la necesidad del arraigo y el requisito humano vital de integrarse.

En este contexto, la definición de arraigo descrita por la humanista francesa Simone Weil resulta muy interesante para los efectos de este análisis, veamos:

“Tener raíces es quizás la necesidad más importante y menos reconocida del alma humana. Un ser humano tiene raíces en virtud de su participación real, activa y natural en la vida de una comunidad que conserva en su forma viva ciertos tesoros específicos del pasado y ciertas expectativas para el futuro”.

En virtud de esta definición, encontramos tres ingredientes fundamentales: primero, que el arraigo es una necesidad humana; segundo, la existencia de un vínculo entre el individuo y una comunidad; y tercero, la relación entre pasado y futuro.

Mientras que la necesidad humana es inherente a todos por su universalidad (no importan raza, sexo, nacionalidad, etc.), en cambio, el arraigo es parte constituyente del hombre en sus derechos fundamentales, y su ausencia configura para el espíritu humano lo que el alimento viene a ser para el cuerpo.

  El segundo ingrediente es esencialmente político. Esta relación “individuo-comunidad” no siempre es ideal, pues dependerá de lo bien o mal que el Estado desarrolle sus funciones para generar un clima de estabilidad, libertad y progreso o, por el contrario, desestabilización, dictadura y retroceso. En este caso, tendremos individuos que tendrían la necesidad personal de cambiar de país o de ciudad; en otras palabras, dejar atrás su comunidad de origen asumiendo todas sus consecuencias.

Este desarraigo con su nación, es entendible hasta cierto punto con el drama haitiano, pues ellos nunca han sentido una verdadera vinculación con sus gobiernos, sus clases sociales y por la diversidad de etnias que conformaron el “sancocho de 7 carnes” de sus orígenes; pero en el caso nuestro, de los dominicanos, es injustificable, pues es por causa de ir olvidando nuestras raíces.

¿Es posible que un individuo pueda desarrollar raíces olvidando el lugar donde ha nacido y crecido? ¿Cuáles serán las implicaciones para él, su familia y la nación abandonada y olvidada? Lo cierto es que las respuestas a estas preguntas, terminarían siendo un desafío incuestionable a la identidad; ya sea la identidad de los individuos que emigran o la identidad nacional del país que es sujeto de una invasión de ilegales con costumbres, culturas y etnias muy distintas.

Finalmente, la comunidad, como cuna de la historia que facilita la continuación de la vida de un individuo y sus descendientes, conforma, en su conjunto, la identidad de una nación. Por lo tanto, en virtud de lo anterior, el desarraigo a esta comunidad o nación que le da refugio, no les permitirá desarrollar vínculos históricos con ella, lo que los hará ser incapaces de fomentar su identidad por estar segmentada en sí misma.

Esta deformación es la que provoca las más devastadoras consecuencias para el ser humano, debido a su incapacidad de articular la construcción de su futuro a partir de la convivencia compartida con sus “conciudadanos”, ya que de este modo pierden el sentido de sus aspiraciones, convirtiéndolos en unos “discapacitados sociales”.

En fin, esta fragmentación social es el riesgo que los dominicanos corremos como consecuencia de ir olvidando nuestras raíces y seguir siendo permisivos ante una inmigración ilegal con raíces incompatibles con las nuestras.

¡Nos estamos desvinculando de nuestra historia y, por ende, desvinculándonos de nosotros mismos!

Estamos aún a tiempo de fertilizar nuestras raíces, de fumigar el frondoso árbol de la Patria contra la plaga de antivalores y la epidemia moral, para continuar dejando a las futuras generaciones las buenas cosechas que con tanto amor y sacrificios sembraron los “agricultores patrios” en la fértil tierra de Quisqueya.

¡DIOS, PATRIA y LIBERTAD!, ¡VIVA LA REPÚBLICA DOMINICANA!  (http://www.listindiario.com/la-republica/2017/08/18/478763/rd-en-estado-de-agonia-por-olvidar-sus-raices)

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