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Nomenclatura para la evasión, no deje de leerlo. Original de la Dra Carmen Imbert Brugal

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Mientras los asesinos pagan el monto de la fianza y se reanuda su actividad, suspendida por el inconveniente procesal. Mientras las armas, sin permiso, sustraídas, alquiladas, reproducen la muerte. Mientras los huérfanos de la violencia crecen, escuchando las interjecciones de la venganza y aspiran continuar la saga trágica que signa la sociedad. Mientras el alarde sangriento gana admiración y la alabanza sube la tarifa para ejecutar la acción. Mientras en el patio de los recintos carcelarios se reciben las llamadas con las órdenes de exterminio y luego en la capilla la oración exculpa.

Mientras en áticos exclusivos deciden cuál será el matón más económico y los redactores de noticias se entrampan confundiendo calificaciones y repiten términos usados en telenovelas y libracos. Mientras los titulares contribuyen a la fábula y el miedo ocupa la rutina ciudadana, las autoridades encargadas de crear “la política de Estado contra la criminalidad”, administrar y ejercer la acción penal pública y resolver mediante sentencias pendencias penales, reeditan errores y mantienen la confusión.

Durante años, por ejemplo, asimilan delito y crimen y las correcciones se las lleva la ventolera que admite la lenidad y la frivolidad penal. Porque si el hartazgo ocupó instancias vitales para la transformación penal, no debe afectar la denuncia de la farsa, de la resistencia que impide aplicarla norma existente a las personas infractoras. El Código Penal está vigente y algunos actúan como si estuviera derogado o su vigencia fuera restringida.

Dedican su discurso al proyecto, no a la realidad. Siempre es pertinente recordar la convicción de Eva Joly, aquella jueza francesa derrotada por la connivencia universal que excluye del sistema penal a la opulencia, gracias a un sofisticado sistema de complicidad que comprende academias, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y gobiernos. Y cuenta, naturalmente, con exquisitos y costosos redactores de leyes y acuerdos, inaplicables, porque los autores viven en una burbuja que incluye avión, sala de reuniones y enoteca.

Se solazan repitiendo fábulas, usando calificativos fuera de contexto. Más que técnicos lucen comentaristas del más reciente capítulo de serie sobre narcotráfico. La asociación de malhechores la convierten en pandillas, maras, naciones y olvidan la contundencia del artículo 265 y siguientes del Código Penal. Les place repetir neologismos propios de otro entorno, para lucir contemporáneos. La estafa y el abuso de confianza devienen en “pirámides”, esquema Ponzi. Y de nuevo, recurren al ardid de las olas y temporadas de violencia. Entonces el sicario esconde al asesino e inauguran la jornada en procura de un proyecto para sancionar la práctica. ¿Banalidad doctrinal o engaño? ¿Deseo de encubrir la imposibilidad de juzgamiento y condena? Tal vez es temor a la opinión de una minoría que prefiere la permanencia del tinglado represivo, acogotado por el oportunismo más que por incapacidad. Equipo expectante, consciente de la rentabilidad de su genuflexión, lejos del decoro que permite aplicar la ley sin tiquismiquis, sin esperar reconocimientos de aquellos que invierten para mantener la impunidad propia y de los suyos.

Ridícula la disquisición en torno al sicariato. Perniciosa la aparente imposibilidad de sancionar asesinos baratos. Actúan como si restara lustre citar los artículos del Código Penal. El 295 describe con escueto rigor el homicidio para luego transformar la infracción con las agravantes. “El que voluntariamente mata a otro se hace reo de homicidio”. Cometido con premeditación y asechanza se califica asesinato. Así. Sin tener que buscar o cambiar nomenclatura está prevista la infracción. El pago puede asimilarse a la dádiva que cita el artículo 60. Empero, está en marcha el periodo para analizar sicarios y sicariato. Se buscará la etimología. La daga estará de moda y las citas wiki, también. No revisarán el Código, tampoco recordarán que el sistema viste de honorables a los sicarios de la tiranía y del balaguerato, criminales políticos y comunes. A los de antes y después. La tipificación de la infracción existe. Negarlo es baldón inaceptable. (http://hoy.com.do/nomenclatura-para-la-evasion/autor/hoy/)

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